Mostrando las entradas con la etiqueta Prosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Prosa. Mostrar todas las entradas
jueves, agosto 13, 2009
Cortar
La primera línea te aprieta la quijada y te desangra un poco, sólo lo suficiente para mantenerte derrotada. Sabes que tras la primera, siempre esa navaja que insiste en aparecer en tu mano te grita ¡segunda! y luego demanda ¡tercera!
Una dos tres... ocho líneas. Derechitas y brillantes, como soldaditos, como escalera de emergencia dibujada sobre tu pierna. Una escalera de ¿entrada o salida? a la locura. Dejas que eso lo decida tu psiquiatra quien sin duda hablará con tu carcelero hoy para cambiarte el medicamento por cuarta ocasión en un mes.
De un navajazo, cortas a la psiquiatra y al carcelero. Con el siguiente, le gritas a tu madre lo mucho que la odias; navajazo a navajazo escupes tu desprecio por un padre que nunca hizo nada por defenderte del odio de tu madre. Otro corte y eliminas las rejas y huyes lejos, lejos de ti y de todo lo que te haga humana, navajazo a navajazo surge un rugido animal que apaga esa voz que te grita gorda a la cara, y sigues cortando porque cortar es lo único que alcanza a mitigar el dolor, que lo hace más agudo y se lo lleva entre las gotas de sangre que te escurren pierna abajo y el sello punzante y bienvenido del alcohol.
Te desangras un poco, sólo lo necesario para mantener la locura —que araña ya las puertas de tu mente— a raya.
domingo, noviembre 30, 2008
Deseo
para pescadito
Le llamo, lo confundo, le pienso, lo seduzco, ¿lo asusto?, lo persigo, lo atosigo con mis letras, lo obligo a responderme, le zumbo alrededor de la cabeza. A veces lo fastidio. Tanto lo fastidio, que si le llamo finge no reconocerme o se olvida de olvidarme. Me interesa, me intriga, me entretiene, me sueña, ¿me desea? me hace reír, me seduce con sus letras. Quiero abrirle la cabeza y ver cómo funciona su cerebro, quiero ver de dónde sale su ingenio, quiero ver por qué sus palabras brincan y hacen trucos mientras que las de otros se quedan planas e inermes, como muertas o aburridas sobre el papel en que fueron escritas.
Tengo ya preparado mi escalpelo.
Muy pronto obtendré de él lo que más deseo: la materia gris de sus ideas.
Tengo ya preparado mi escalpelo.
Muy pronto obtendré de él lo que más deseo: la materia gris de sus ideas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)