jueves, agosto 13, 2009


Cortar




La primera línea te aprieta la quijada y te desangra un poco, sólo lo suficiente para mantenerte derrotada. Sabes que tras la primera, siempre esa navaja que insiste en aparecer en tu mano te grita ¡segunda! y luego demanda ¡tercera!


Una dos tres... ocho líneas. Derechitas y brillantes, como soldaditos, como escalera de emergencia dibujada sobre tu pierna. Una escalera de ¿entrada o salida? a la locura. Dejas que eso lo decida tu psiquiatra quien sin duda hablará con tu carcelero hoy para cambiarte el medicamento por cuarta ocasión en un mes.


De un navajazo, cortas a la psiquiatra y al carcelero. Con el siguiente, le gritas a tu madre lo mucho que la odias; navajazo a navajazo escupes tu desprecio por un padre que nunca hizo nada por defenderte del odio de tu madre. Otro corte y eliminas las rejas y huyes lejos, lejos de ti y de todo lo que te haga humana, navajazo a navajazo surge un rugido animal que apaga esa voz que te grita gorda a la cara, y sigues cortando porque cortar es lo único que alcanza a mitigar el dolor, que lo hace más agudo y se lo lleva entre las gotas de sangre que te escurren pierna abajo y el sello punzante y bienvenido del alcohol.


Te desangras un poco, sólo lo necesario para mantener la locura —que araña ya las puertas de tu mente— a raya.


1 comentario:

  1. Hola, alguna ves me comentaste y desde entonces no regresaba a este blog. Pior miles de pretextos me he alejado de escribir, pero como es lo único en mi que siento "mío" he de volver.

    Ignoro si el post sea imaginación o puro derrame de tu realidad, pero confieso el sostén y sobre todo el placer que encuentro en las rayas de un filo, filo a la piel, filo al alma, y ni hablar de lo que las gotas hablan apenas escapan de la raya.

    Es sumamente grato leerte, estoy de regreso.

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