Luna Intoxicada
martes, septiembre 08, 2009
Luna Intoxicada
sábado, junio 27, 2009
La ausencia de tu cuerpo me acompaña, me enamora, me seduce. Me sigue a la cocina mientras me preparo el café de la mañana. A veces la siento tan cerca que creo que está a punto de abrazarme por la espalda, pero cuando volteo para regresar el abrazo ya no está ahí.
Tu ausencia es como tú. Me juega bromas todo el día. Se esconde en cada rincón de la casa vacía, pero yo alcanzo a ver su imagen reflejada en los espejos. Me susurra al oído cosas que no alcanzo a entender, pero que hacen que mi cuerpo se electrifique. Me paso el día entero tratando de descubrir dónde se esconde.
Y al final, cuando creo que todo ha sido un espejismo y me concentro en escribir, levanto los ojos del teclado y tu ausencia me sonríe desvergonzadamente, sentada en la cama.
Dejo la máquina a un lado y tu ausencia me acaricia con sus manos ausentes, besa mi cuello, recorre mi espalda, reclama mi cuerpo y me toma hasta llenarme toda.
Te soy infiel con tu ausencia.
sábado, octubre 18, 2008
Y vio Dios que era bueno
desnudos como viejos
desnudos como amantes
como siempre
como ahora
como antes.
viernes, septiembre 19, 2008
Breve descripción de un beso
martes, septiembre 02, 2008
DESATO LAS AMARRAS
Ensenada me mira desde su trinchera, agazapada, mientras una nube rebelde roza mi cabellera. El atardecer sucede al ritmo del canto de los grillos y por fin cae la paz sobre el reflejo del agua.
Ya no te espero. Ya no espero nada, salvo llegar a tierra firme y anclar en el reencuentro de mí misma.
La mano fría de la brisa marina juega con los rizos que se escapan con voluntad propia de mi trenza infantil. Abajo, frente a un mar donde navegan los ahogados, las arterias de esta ciudad callada se encienden y adquieren movimiento: juegan, se achican, se agrandan y le dan al puerto un aire de festejo mientras yo sigo aquí, sentada en esta construcción tan parecida a la nostalgia, evitando repetir frases de antaño con una superstición vieja, antigua, milenaria.
No hay maldad. No hay culpa. No hay castigo en este mar de luces que hormiguea incesante. Este mar que cintila, que tiembla azul frente a mis ojos limpios ya de tantas lágrimas.
Hoy tengo para ti un regalo. Te libero de mí, te dejo ir lejos. He tapiado por fin la puerta de este mi corazón venado. He destruido ese nido viejo donde terminan por perecer de asfixia los deseos.
Hoy desato mis últimas amarras para elevarme en vuelo, sostenida por cuatro alas transparentes que me colocarán por fin en el espacio justo de todos los humanos. Las alas del bien y las alas del mal. Las alas de la vida que comienza y acaba, que nace y termina.
Por una vez no miro el mar. Añoro más bien la fiesta de la gente, el murmurar de voces y el placer de la mirada ajena. La negrura de los cerros a lo lejos me recuerda mi antigua tristeza: ese pantano oscuro y movedizo.
Sé que en alguna parte de esta ciudad perdida estás tú, viviendo tu vida apresurado, no queriéndote perder ni un fragmento de esa realidad total que piensas que te envuelve.
He esperado 30 años para experimentar este único momento de paz, este hito imperceptible en el que todo es por fin como debería ser y yo giro por vez primera en sincronía con el Universo.
He esperado todo una vida para entender el instante preciso en que el reflejo del agua lo incendia todo, el instante único en el que el sol inflama a la ola y la convierte en una llamarada que alcanza la arena y luego muere.
Tengo frío.
viernes, julio 25, 2008

Retrato Hablado
a Víctor Hugo, por las memorias
Con pinceladas suaves, pero firmes, trazaría el contorno de tu frente, desde su base curva hasta el nacimiento sensible del cabello. Te retrataría casi de memoria, sin olvidar tus músculos compactos y tu cabello negro, sin olvidar una sola marca de tu cuerpo, pero borraría con gusto las dos líneas que dibujan tus recuerdos.