viernes, septiembre 05, 2008



EX NOVIOS*





El mundo está poblado de ex novios: esos seres transparentes, peluditos, que se alimentan de comida tailandesa y suelen beber mucha dos equis.

Me los encuentro en todas partes.

Nada menos ayer por la mañana, descubrí a dos que me observaban desde el fondo de una taza de café, con esa mirada curiosa que suele uno encontrarse en los ojos de los ex novios.

Creo que los sigo amando a todos.

Gracias a ellos aprendí que la única forma de preservar el amor, de mantenerlo nuevecito, oliendo a limpio y a recién estrenado, es no vivir con tus amores.
No casarte con ellos.
No permitir que platos ropa libros cuentas y otras malvadas bacterias acaben por enfermar a tu amor y le gasten las orillas.

Yo no quiero un amor con la patita rota.
No quiero un amor pegado y vuelto a pegar con cola loca.
No quiero un amor que alguien puso en especial porque lo mandaron defectuoso de la fábrica.

Por eso señores, ¡qué vivan los ex novios!

¡Qué vivan los amores platónicos!

Qué viva la gracia, qué viva el amor, qué viva la ex novia de aquél caracol.

Que vivan los ex novios aunque me hagan llorar, me hagan sonreír o me hagan emborracharme.

Qué vivan los ex novios y que yo nunca viva con ellos.

Los ex novios son los únicos males necesarios.
Suelen moderar mesas en encuentros literarios.

Caen del cielo como las moscas y siempre le atinan a tu plato.

A veces te hacen comentarios poco amables con extraños acentos y te recuerdan que “estás media pasadita de peso”, o te enseñan la foto de su bebé recién nacido y te pellizcan la pierna.

Pero tú se los perdonas todo porque de pronto su mirada enternece y entonces lo sabes: fuiste el amor más bello de sus vidas.

Qué vivan los ex novios que te llaman por teléfono a las tres de la tarde justo cuando vas de salida.

Qué vivan los ex novios que se meten a hurgar entre tus fotografías y desprecian a tus demás ex novios.

Qué vivan los ex novios que olvidan el nombre de tu novio y se sonrojan cuando mandas saludos a su esposa.

Qué vivan los ex novios que te consiguen trabajo y comparten contigo sus mejores victorias.

Qué vivan los que se finjen borrachos y tocan a tu puerta en la madrugada con la esperanza de que los seduzcas.

Qué vivan los ex novios porque a veces los seduces.

Puedes escucharlos decirte que te aman y creerles que te aman. Puedes creerlo porque para ellos, siempre serás la misma chica adorable de quien alguna vez se enamoraron.

Los ex novios también lloran.

A veces fingen no verte y corren a esconderse tras las faldas de sus futuras ex novias.

Los has sorprendido espiándote las piernas precisamente el día que se te olvidó ponerte fondo.

Los has percibido en lecturas, mirándote de frente y prendiendo dos cigarros al revés o al mismo tiempo.
Los has visto encelarse cuando por casualidad, les mencionas tu fin de semana con ese tipo precioso que vive en Playas de Tijuana.

A veces los ex novios se ruborizan.

Se convierten en niños grandes y te reclaman que para ellos nunca preparaste codornices.

En sus gargantas borbotea la risa cuando te arremolinan el cabello.

Sus caricias son toscas pero sus recuerdos tiernos.

Si los regañas, se convierten en monos de peluche.
Si los acusas de haber perdido la galantería se ofenden y reaccionan abriéndote las puertas.

Quién sino los ex novios para coquetear sin arriesgarlo todo.

Quién sino ellos, para hacer del amor una lata de frutas en conserva.

Quién sino esos males necesarios, esos glitches del destino, esos tipos divinos que puedes disfrutar a diario porque nunca fueron tuyos.


* Cualquier parecido con la realidad es meramente conicidencia.

1 comentario:

  1. Soy particularmente fan de este cuento, al igual que algunos otros que me enviaste. Qué gusto leerte con tanta constancia últimamente. Un abrazote.

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