martes, diciembre 15, 2009



Cáncer, ese monstruo escurridizo




Escribo esto porque no puedo respirar, desde anoche algo me oprime el pecho y siento que me falta el aire. Roberto dice que es angustia. Yo le digo que es cáncer. Esa palabra que hasta hace pocos años representaba para mí únicamente un signo zodiacal, y que ahora se ha convertido en una constante en mi vida.

El cáncer es el narco de las enfermedades. No respeta órgano alguno y huye de la justicia; es una sombra que acecha desde los rincones y que, como la bala perdida de algún tiroteo a media avenida, te puede tocar a ti. Sabe que la quimioterapia y la radiación lo mantendrán a raya, pero es escurridizo y se mantiene fuera del alcance de cualquier cura. Por eso lo invade todo, lo destruye, arrasa con la salud, el cuerpo, el cabello, la felicidad, la fortaleza, los ahorros, la familia y, finalmente, la vida.

Pero el cáncer no sabe que hay vencedores. Que la voluntad humana es más grande que su amenaza y que el amor cura, hace milagros. Que el deseo de vivir convierte a los Seres Humanos en guerreros. Yo he conocido y querido a muchos guerreros y guerreras que han recuperado su vida de las garras de este monstruo.

Como mencioné al principio, hasta hace algunos años el cáncer –y el narco—eran dos palabras más en mi léxico. Dos palabras frías, sin cara, sin víctimas, que si bien evocaban miedo, no relacionaba directamente con seres queridos.

A partir del 2000 las cosas cambiaron. El narco dejó una irreparable ruptura en la delgada tela de nuestra integridad familiar, y conocí a quien se convertiría en mi suegro, un hombre de Ciencia, brillante y amoroso con sus hijos y nietos, a quien quiero ahora como si fuera mi padre. Mi suegro libró una valerosa batalla con el cáncer de colon, una larga y dolorosa batalla en la que casi pierde la vida, pero hasta ahora es vencedor.

Después me enteré que un amigo entrañable, de mi edad, compañero de la prepa, también cayó víctima de este depredador: cáncer en los ganglios. Mi querido amigo B estuvo a punto de morir, su lucha duró más de 4 años, pero también él salió victorioso.

Más tarde fue la madre de mi amiga K con una doble mastectomía.

En 2003, para el horror de las cinco mujeres de mi familia, mi padre, ese ser que es el tronco de nuestro árbol familiar, fue diagnosticado con cáncer de próstata. Yo no podía dejar de pensar que su padre, mi abuelo paterno, murió precisamente al perder la batalla contra este tipo de cáncer. Mi padre, en cambio, fue un roble. Todas tratamos de mimarlo. Le preguntábamos cómo se sentía después de cada radiación y mi padre, que nunca se libró de la rigurosa disciplina que adquirió durante sus largos años de interno en The Army and Navy Academy en Carlsbad, California, siempre nos contestaba lo mismo: “me siento perfecto”, “estoy como si nada”, “muy bien” . Luego de casi un año de tratamiento mi padre entró en remisión y de seguro el cáncer, desconcertado, se fue a acechar a otra persona un poco más expresiva. Yo agradezco todos los días que mi padre vive y está sano.

Los sustos siguieron, mujeres muy queridas para mí han tenido sus sustos durante las pruebas de rutina. Yo misma he estado en la situación de tener que repetir una prueba tres veces. Y no es que me asuste la muerte, todos los días amanezco con mi equipaje hecho. Hace mucho que me reconcilié con la idea de morir. Lo que me indigna es el sufrimiento. El dolor y la tortura a la que este monstruo somete a sus víctimas antes de matarlas. Yo creo en la eutanasia, en el derecho del Ser Humano a una muerte tranquila y digna, no en medio de retorcijones de dolor o en estado de coma. Creo en despedirme a tiempo.

Anoche recibí otra mala noticia. Una amiga entrañable, maestra y hermana, guía y compañera de oficio, se encuentra hospitalizada porque ha caído víctima del cáncer de colon. Pero mi querida amiga es una gran guerrera y cuenta con el amor y apoyo de su familia y cientos de amigos. Estoy segura de que esta vez tampoco el cáncer será el vencedor.


Escribo, grito, a nombre de todos ellos, los vencedores, los agredidos, mi amiga R y mi amigo B, mi padre, la mamá de mi amiga K, mis tías, los ancianos que veo cada mes recibiendo quimioterapia cuando acudo a la clínica de Hematología y Oncología a que me apliquen hierro; grito por los niños, por las madres, por los que fueron derrotados. Grito porque la palabra Cáncer debería ser prohibida, borrada del diccionario, exterminada por Dios, obliterada. Grito por mi hija que será sometida a exámenes y vacunas. Grito por mi hijo a quien habrá que cuidar porque el cáncer es hereditario. Grito por mí, porque el cáncer duele no sólo a quienes lo padecen, sino a todos los que les rodean.

6 comentarios:

  1. Esta parte del corazón, esta entrañable palabra de amor, que remueve la conciencia y acuna el alma, que nos devuelve lo humano, es definitivamente la lealtad y cariño.
    Gracias Regina por escibribir siempre con el alma puesta.

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  2. Me agrada mucho tu blog, y que regresaras después de mucho tiempo con esta entrada (tan dulce y dolorosa), es muy grato.

    La muerte es algo que no distingue nada, que definitivamente nos alcanzará a todos algún día, ojala no fuera así.

    ¡Saludos!

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  3. Sí! al peligro hay que mirarlo de frente. Eres una Gran Guerrera, te admiro y me uno a tu grito contra e cáncer, ojalá sea pronto erradicado, y te mando abrazos, muchos abrazos reparadores!

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  4. me llamo la atencion que asocias a tu suegro con ese evento tragico en tu vida.
    yo no se si me enfrascaria en una batalla contra un cancer, creo que son demasiado desgastantes y me gusta pensar que la muerte tambien puede ser otra oportunidad.

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  5. Querido Mario, incluyo a mi suegro en este artículo porque lo quiero como a un padre. Al igual que tu, creo que la muerte es un paso, uno que no debemos temer, pero también creo tenemos derecho a una muerte tranquila. Sin dolor. Creo que es necesario luchar contra el cáncer y otras enfermedades devastadoras, como el SIDA, no porque nos conduzcan a la muerte, sino porque nos torturan en vida. Un beso y gracias por tus comentarios. Siempre me alegra ver que has pasado por aquí.

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  6. Te mando un beso y un abrazo con todo cariño. :) Billy

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