martes, septiembre 02, 2008



DESATO LAS AMARRAS


Ensenada me mira desde su trinchera, agazapada, mientras una nube rebelde roza mi cabellera. El atardecer sucede al ritmo del canto de los grillos y por fin cae la paz sobre el reflejo del agua.

Ya no te espero. Ya no espero nada, salvo llegar a tierra firme y anclar en el reencuentro de mí misma.

La mano fría de la brisa marina juega con los rizos que se escapan con voluntad propia de mi trenza infantil. Abajo, frente a un mar donde navegan los ahogados, las arterias de esta ciudad callada se encienden y adquieren movimiento: juegan, se achican, se agrandan y le dan al puerto un aire de festejo mientras yo sigo aquí, sentada en esta construcción tan parecida a la nostalgia, evitando repetir frases de antaño con una superstición vieja, antigua, milenaria.

No hay maldad. No hay culpa. No hay castigo en este mar de luces que hormiguea incesante. Este mar que cintila, que tiembla azul frente a mis ojos limpios ya de tantas lágrimas.

Hoy tengo para ti un regalo. Te libero de mí, te dejo ir lejos. He tapiado por fin la puerta de este mi corazón venado. He destruido ese nido viejo donde terminan por perecer de asfixia los deseos.

Hoy desato mis últimas amarras para elevarme en vuelo, sostenida por cuatro alas transparentes que me colocarán por fin en el espacio justo de todos los humanos. Las alas del bien y las alas del mal. Las alas de la vida que comienza y acaba, que nace y termina.

Por una vez no miro el mar. Añoro más bien la fiesta de la gente, el murmurar de voces y el placer de la mirada ajena. La negrura de los cerros a lo lejos me recuerda mi antigua tristeza: ese pantano oscuro y movedizo.

Sé que en alguna parte de esta ciudad perdida estás tú, viviendo tu vida apresurado, no queriéndote perder ni un fragmento de esa realidad total que piensas que te envuelve.

He esperado 30 años para experimentar este único momento de paz, este hito imperceptible en el que todo es por fin como debería ser y yo giro por vez primera en sincronía con el Universo.

He esperado todo una vida para entender el instante preciso en que el reflejo del agua lo incendia todo, el instante único en el que el sol inflama a la ola y la convierte en una llamarada que alcanza la arena y luego muere.

Tengo frío.



2 comentarios:

  1. Ánimo, mucha fuerza en la liberación.

    El Negro

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  2. Ánimo y mucha fortalez en tu liberación. Saludos

    El Negro

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